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UN DIA DE TOMENTA CAMINO A NUNATAK WHITTE
Avanzando a los tumbos
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Viernes 19 de febrero
Como ya nos resulta habitual la mañana nos encontró escuchando el sonido del viento y la nieve golpeando el sobretecho de nuestra carpa.
Al parecer otro día pasará en este campamento. Nuevamente iniciamos la rutina de conectar los paneles a las baterías para aprovechar cada minuto de luz. Queremos marchar pero el tiempo no acompaña por ahora.
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Datos al 16-02 POSICIÓN GEOGRÁFICA:
49 º, 15 min., 30.1 seg. S
73 Gr., 14 min., 35.2 seg. O
TEMPERATURA:
0 Gr. a las 8 hs.
3 Gr. a las 12 hs.
0 Gr. a las 18 hs.
0 Gr. a las 22 hs.
PRESIÓN EN MB.:
1380
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Comienza el ritual del desayuno. Las galletitas circulan de uno a otro y, aún en las bolsas de dormir, un té echa chorros de vapor desde una taza con restos de sopa de ayer. Dos horas pasan y el viento deja de soplar, nos miramos, salimos al aire libre y sin decirlo la decisión ya está tomada. Cada uno empieza a juntar con prisa sus cosas, quedan algunos ajustes en los trineos y esquies. Todo es cargado de acuerdo a un orden establecido. La comida la llevan Guille, Gadi y Gerardo mientras que Marcelo carga todo el equipo técnico. Lo último en atarse son los paneles solares conectados a sus baterías en la parte posterior de dos trineos.
Cerca del mediodía, sin viento y con un horizonte indefinido entre nubes y nieve, nos encaminamos con rumbo 200 grados. Los primeros kilómetros fueros de un goce total. Los esquíes deslizando en la nieve cantando una áspera melodía al ritmo de nuestros pasos. Cada tanto un montículo de nieve volada se nos plantaba enfrente semejando un enorme pan lactal hasta ser perforado por las puntas de nuestras tablas.
La primera parada, a la hora, nos encontró felices, desbordados de alegría mientras tomábamos un té y nos palmeábamos mutuamente. Prosiguió la marcha. Al rato un viento cada vez más duro comenzaba a empujarnos hacia atrás y a la izquierda. La visibilidad se reducía cada vez más, tal vez 15 ó 20 metros. Gerardo, que iba con el GPS segundo en la cuerda, gritaba derecha o izquierda a un Gadi que hacía de timón. Cada tanto el viento arrojaba alguno al piso obligando a toda la caravana, que se ponía al instante con la espalda hacia el viento, a helarse en pocos minutos en esa posición.
El GPS, víctima del frío, dejó de funcionar. La nieve que azotaba y a nuestra derecha nos cubría de un grueso revestimiento helado. Decidimos seguir caminando a tientas contra la dirección del viento esperando acercarnos un poco más al Nunatak Whitte.
Mantenernos en pie era difícil, cada varios metros, uno era tirado a ésta pista de patinaje sin boleto. Después de sucesivas caídas tomamos una áspera decisión: armar el campamento donde estábamos. Las instrucciones volaban por los aires. Lo primero fue volcar los trineos en semicírculo para frenar un poco al gigante furioso, después palear un rato en la nieve hasta formar una plataforma. Sacamos la carpa y al intentar armarla una ráfaga de viento nos rompe un parante. Un momento de perplejidad y a seguir cavando, la adrenalina fluía mientras nos turnábamos para cavar o para caernos.
Finalmente, la segunda carpa se despliega con cuatro diminutos amarillos sosteniéndola, algunos tiros son atados a los trineos que se cubren totalmente de nieve mientras la cuerda desaparece bajo el manto blanco. Al fin en "casa".
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