Golpeado, Agustín Orion no entiende qué sucede. Por un segundo, su ojos desnudan un cóctel de sensaciones negativas. Sabe, este referente de San Lorenzo, que su error, casi un blopper de un programa de Marcelo Tinelli, el mecenas del equipo, condiciona el boleto a la semifinal. Jamás imaginó semejante desenlace cuando tocó una, dos veces el balón para intentar levantarla y darle fuerte para arriba tras el pase atrás de Gastón Aguirre. Fue ese instante, este tiempo muerto que enmudeció al Nuevo Gasómetro cuando el argentino Claudio Bieler le puso su botín para el blooper de la noche. "Tomé una mala decisión, fue un error mío, me equivoqué", comentó el arquero.
El único del plantel de San Lorenzo con asistencia perfecta (jugó los nueve partidos de la Copa y los 14 del Clausura), ese que en más de una ocasión puso las manos para evitar la derrota, esta vez no pudo ofrecer esa seguridad desde el fondo. Incluso, ese grito para ordenar la defensa. Porque después del gol, se lo notó apagado, pese a su liderazgo natural de San Lorenzo. Tal vez, lo que le levantó un poco el ánimo fue ese reconocimiento de los hinchas cuando cinco minutos después del episodio, salió para quedarse con un centro de Guerrón. Atrapó la pelota y bajó el aplauso de las tribunas. En el segundo tiempo, habló seguido con su entrenador Martín Tocalli, ubicado detrás del arco. Casi no fue exigido hasta ese cierre de Germán Voboril que empujó el balón hacia atrás y él arañó una pelota con destino de red que González sacó sobre la línea.
Lejos de esconderse, Orion salió y se hizo cargo de la falla con la que el equipo empezó con derrota, aunque de inmediato González levantó al público con su tiro libre sanador para el momento. Indiscutido en el arco, pieza clave en la cabeza de Ramón Díaz, Agustín siente esa parte de responsabilidad que le toca, pero confía en el corazón que mostró este grupo de futbolistas para sobreponerse a situaciones adversas. "Hay que pensar en la revancha, ya está. Sé que podemos clasificarnos". Ese viaje a la altura de Quito se espera con cierta ansiedad. Antes, en esa escala, Huracán pasará por el camino. Y, se sabe, son partidos que marcan a fuego.
Si hay algo que distingue a Orion es su sobriedad a la hora de ocupar el arco. Con un estilo simple, seguro, con los riesgos lógicos que asumir, difícilmente alguien haya imaginado que le iba a pasar algo así. Fue un instante, dos jueguitos, un anticipo. Y una pelota que ingresó, lentamente, mientras ese silencio soplaba desde afuera. No pudo.